Quinto volumen de la Convocatoria de Poesía Yosuke Kuramochi.
La precisa explicación sobre la relación entre el paisaje interior y el paisaje exterior, que
alguna vez nos dio Emily Dickinson —Se necesita un trébol y una abeja/ Para hacer una
pradera/ Un trébol y una abeja/ Y soñar— es recogida por la autora de estos poemas y
aplicada a su propio jardín: Casi con esa oscuridad confiable/ De vieja casa de pueblo/ Me
dejo conducir por los árboles/ Que muestran rutas en sus ramificaciones, nos dice.
No sabemos si la caminata por el país del polen dura minutos o años: en estos poemas no
hay una línea de tiempo, sino círculos. La poesía, recordamos mientras leemos, es esa
lengua cercana, que nombra lo conocido, sin despojarlo del misterio que sostiene a cada
una de las especies de este herbario. Y que nos sostiene.
María José Ferrada