Los viajes de un botánico y explorador pueden fácilmente ser la base de una buena historia, pero lograr luego narrarla de manera tan vivida, al punto de transportar al lector en tiempo y espacio, ese es un verdadero don. Y Carl Skottsberg, sin duda alguna, es dueño de ese don.
Al acompañarlo en su recorrido por la Patagonia, el lector sentirá haber participado d ela exploración, sin importar que el relato date de hace más de un siglo. Su relevancia y las interrogantes planteadas aquí permanecen aún vigentes.
Gracias a sus innumerables recursos narrativos, el autor parece superar todo obstáculo que le antepone la naturaleza y emerge del otro lado -del río, del lago, de la montaña- imbuido en nuevos ánimos.
Esta bitácora de viajes es, pues, un pedacito de historia. Una postal tanto natural como de la sociedad, todo contado a través de la curiosa mente de un explorador.